martes, 14 de enero de 2014

Homenaje a Luis Cernuda (publicado en la Revista Áurea)

A Luis Cernuda y a mi abuelo



Maestro, lo confieso; te ruego, me perdones:
Hoy te debo los versos que te escribo.
Los he pagado de a peseta,
fue un hurto silencioso
y consentido.

Yo no soy poeta que ahora
emerja,
ni siquiera las venas que me riegan son las mías.
Se bañan de una sangre
que es prestada
que tiene el férreo gusto del exilio,
que nutre el grano seco que alimenta
los osarios del olvido.

Ese olvido tiene nombre de memoria
y se agazapa en la poesía que se escribe
en el reverso de una entrada:
Sesión golfa; Versión Original.

Y no es nostalgia, no,
querido compañero,
es pura contingencia de deseo.

Hoy, insisto, te debo los versos que te escribo
porque aún no sé tampoco
qué nombre darte en sueños,
ni entiendo que el placer
esté prohibido.



miércoles, 3 de julio de 2013

Amor o tan solo un juego de palabras

Ilustración: Raquel Campuzano Godoy



Te marcas  en la piel de mi pupila
Reteniendo, tu imagen en mi retina
Me asaltas como salto de guarida
Sellando la fisura de la herida.

Te viertes hecho en lava a la deriva
Devorando un deseo sin esquinas
Me explota, en risa compartida
Transformando en aun más libre,  la caída.

Te pienso con la mente distraída
Evocando con la boca tus medidas
Me sueltas en las piernas, salvavidas
Templando en un beso las huidas.

jueves, 13 de junio de 2013

Haikus improvisados

De imperfecta métrica, pero esmerada creación, ofrezco estos haikus junto a una fotografía de otras estrofas compuestas por mis compañeras del taller de escritura creativa "Caja de herramientas" en la Escuela Helvéticas.


       






 I
De madre, tengo
la risa.
De la vida: las palabras.




 II
No fue rosa la infancia
de pisar flores
compuse aromas.

lunes, 15 de abril de 2013

Allegro molto vivace

Beethoven, ruge, vuela, alcanza con tus notas, la dicha latente de la vida.
Atraviésame con las cuerdas del piano
que insomne,
aporreas cuando el viento se te ofrece compañero.
Golpéame con el látigo que acaricia el violín
que irreverente,
me descubre de nuevo
que mis ojos
son algo más que espejos.
Despelleja esta miseria
que a veces,
se instala en la cuenca de mi pecho.
Beethoven, gira, salta, sacude la eternidad con tus corcheas,
que yo, mientras,
haré lo propio con mis fusas.

http://grooveshark.com/#!/artist/Beethoven+Ludwig+Van/32325

sábado, 5 de enero de 2013

3


-Touché- respondió en un perfecto acento francés- creo que no son modos de dirigirme a una dama como usted, que sin duda, ha puesto en juego su imagen aceptando este incómodo y parece que hasta ahora, desagradable almuerzo. Disfrute de su plato, señorita Roberts.


Levanté la mirada de aquel pedazo de carne poco hecho y me encontré de nuevo, frente a sus ojos. Un extraño brillo atravesaba su iris. Aunque pudiera parecer un lugar común, la mirada de Nikola Tesla tenía una luz fuera de lo común,  como con una especie de chispas que saltaban de sus órbitas si este te sostenía por unos segundos la mirada. Kataharine ya me había advertido de ello: “es hipnótico, Danielle, no te dejes achantar”. Y se me vino de pronto a la mente aquella fotografía que había encontrado hacía ya casi cinco años en el despacho de papá. Un retrato del ingeniero e inventor en el que posaba impecable con su levita negra (muy similar a la que ahora vestía) y con un cierto aire de satisfacción, como el que sabe que va a alcanzar aquello que se proponga en la vida.
Solo Dios sabe-aunque a estas alturas me quedaba poca fe en él-que lo que sentí con aquella mirada fue una especie de descarga. Un estremecimiento por mi espalda que me dejó inmóvil durante un breve lapso de tiempo.

miércoles, 2 de enero de 2013

No sé  si lo que quema
son tus ojos o tus labios.
Un solo roce
y lenguas incipientes de deseo
convierten el agua en combustible.


No sé si tus palabras
o su cauce
me hacen oscilar frente al vacío.
O es la cuenca de tu pecho,
la entrada a mi morada.

No sé qué es lo que esconde
el presente a sus espaldas
Ni si esta luz es fogonazo, chispa o
brizna pasajera.

Solo sé que tu presencia
mantiene indiferente a la locura.

lunes, 10 de diciembre de 2012

3


Tesla contestó sereno al señor Underwood: Muchas gracias por el ofrecimiento, esta noche me he citado con el señor Twain, quien sin duda me ofrecerá una velada mucho más estable. El incidente entre el empresario y el inventor en el comedor del Waldorf Astoria era conocido ya por todo Nueva York. Demasiado dolce far niente con sombrero hongo ávido de chascarrillos con los que amenizar sus aburridas reuniones de sociedad.